Siempre, como a cualquier hombre, descubrir una mujer hermosa y poco acosada, le sorprende gratamente, es como si nadie se hubiera dado cuenta de todo lo que para ti significa esa persona, las sensaciones que te produce, la pasión que despierta en ti, es digamos, un regalo del destino.
Hace muuuuuchos años, conocí a una chica en el colegio, cuando apenas era otro muchacho puberoso y descentrado que no sabia a donde mirar ni como.
Se llamaba Yolanda, era una chica realmente hermosa, unos preciosos ojos negros, acompañado por una melena rizada oscura como el azabache.
Si alguien me preguntara hoy en día que como era, podría decir que se parecía a Cher pero en guapa.
En aquellos años yo todavía no me dedicaba a mirar a las chicas, eran el gran enemigo, pero os puedo asegurar que no comprendía como los demás no eran capaces de ver aquello que a mi me ponía a cien.
Le dedicaba mis momentos mas íntimos, y no me refiero a practicas onanistas, si no mis pensamientos mas profundos, yo profesaba amor por aquella chica, suspiraba cada vez que la veía, disfrutaba de nuestras conversaciones, y me imaginaba abrazándome a ella y descansando en su regazo.
Esa tal vez fue mi época en la cual despertaban mis instintos, era todo un sufrimiento subir por la escalera detrás de las chicas y observar aquellas corvas que asomaban entre la falda y los calcetines, aquellos gemelos tensos, ese despliegue de feminidad en tan poco espacio, subía embobado detrás de ellas pensando en acariciarlas.
Pero en Yolanda aquello iba mas allá, me fijaba en la comisura de sus labios, en las aletas de su nariz, en sus pómulos siempre ruborizados, en su piel impoluta y suave, su cuello, sus manos, como podía recrearme mirándola de lado, con miedo a que alguien se diera cuenta y fuera objeto de sus burlas.
Por supuesto había chicas en mi colegio que le quitaban el hipo al personal, pero Yolanda no era de esas, siempre iba junto a una amiga suya un tanto regordeta y siempre malhumorada que se dedicaba a amargarnos la existencia, pero Yolanda no, Yolanda me hacia sentir bien.
Y tanto me gustaba que tenia un pavor terrible a que me odiara, y nunca le dije nada, nunca le confesé mis sueños tórridos, mis pensamientos de amante, nunca le dije que en realidad, le amaba en secreto, para mi simplemente amarla era suficiente.
Yolanda fue el germen de mi libido, la que me inició sin saberlo en la erótica de la mente, fue tal vez la primera mujer madura que me provocó excitación y amor a la vez, otras tienen el dudoso honor de haberme puesto burro, pero Yolanda fue la que consiguió mi corazón con su sola presencia, fue la primera musa que tuve en el guión de mi vida.
Hace no tanto tiempo, tuve la oportunidad de volverla a ver, estaba en la calle, esperando a no se que, mas hermosa que nunca hecha toda una mujer, y como antaño, cobarde y asustado, me quede en la lejanía observándola y tratando de descifrar cual seria el oscuro secreto para conseguir a la que ya, pasado el tiempo, tanto amé.
Y con el mismo asombro que la volví a encontrar, la perdí para siempre, y es que cuando tienes una oportunidad, si no la aprovechas, esta se desvanece a gran velocidad.
Yolanda, un nombre para recordar....


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