La otra noche sali como siempre con SonGohanda a pasear por el parque, y era de esas noches en que no sabes si Gallardon ha apagado la mitad de las luces de la ciudad o que el viento se ha llevado la polución, que es posible ver las estrellas mejor que otras noches.
Mirando a las pleyades, y siguiendo a marte, por debajo Orión en todo su esplendor, y hasta se llegaba a ver la espada de Orión por debajo de su cinturón.
Increible.
Y pensando en como podria ver mejor la espada de Orión, me acorde de los prismaticos de mi padre.
Si, pequeños vicios de cada uno, los prismaticos de mi padre tienen unas lentes de muy alta calidad, unos magnificos 7X50 que ademas, incorporan algo que no tienen los mios, Zoom, asi, con todas sus letras. Estas mirando a marte que se ve como un puntito anaranjado, metes el zoom, y oye, casi que se ve como con mi telescopio.
Durante mucho tiempo, le he pedido a mi padre esos prismaticos, cambiandoselos por los mios, que tambien son buenos y ademas tienen compas para indicar el norte. Pero no, se quedan donde estan, encima de una pila de ejemplares del National Geographic que esta debajo de la ventana, en su despacho, con la puerta cerrada con llave.
Y es que mi padre, al igual que mi abuelo, cerraban el despacho que tenian en casa con llave, para que nadie les tocara nada, y yo, como mi padre, me hice una vez con esa llave, tal como hizo el en sus tiempos mozos.
Subia a aquel despacho de noche, cuando todos dormian, me metia piespuntilla en su despacho, girando la llave con mucho cuidado hasta que se oia ese clac! atronador y la puerta cedia, me dirigia hacia la ventana y cogia los prismaticos, y luego, con mucho cuidado me dirigia a la terraza para tumbarme a observar el firmamento, zoom adelante, zoom atras, zoom adelante, zoom atras...
Y asi hacia constantemente, muchas noches subia a aquel despacho con mi llave secreta y exploraba los dominios de mi padre, leia sus novelas, cotilleaba sus aparatejos, me maravillaba con algun que otro objeto que este guardara a la vista y volvia a por los prismaticos para observar la noche.
Asi estuve hasta el fatidico dia en el cual me deje al gato dentro sin darme cuenta, gata, para mas señas, la muy puñetera se habia colado sin que la viera y alli estaba encerrada maullando a pleno pulmon hasta que mi padre nos reunió a ver quien era que tenia acceso a sus santa sanctorum...
...menuda cazada.
Y a partir de entonces no pude volver a entrar, daba igual que mis intenciones fueran nobles, mi entrada estaba vetada pues ya no disponia de la llave en cuestión.
Años mas tarde me fui a vivir con mi pequeña irlandesa, tuvimos a nuestro hijo y seguimos nuestra vida, pero mientras, cada vez que volvia a la casa de mi padre, le pedia que me dejara aquel par de prismaticos que me permitian por que no decirlo asi, estar un poco mas cerca de las estrellas.
Nunca me regalo objeto optico ninguno con el cual poder observar las estrellas, es mas, unas navidades le regalo a mi hijo uno de esos prismaticos rusos de mala calidad con aberración cromatica brutal y que se rompieron al poco tiempo por el tipo de plastico cutre que tenia.
Un dia, andando por la calle, pase delante de una tienda y vi un telescopio con forma de trasbordador espacial, no lo dudé, entre, y saque mis mal ahorrados 75 € y me los gaste para regalarselo a mi hijo, el cual, pocas veces le presta mucha antención (aunque tiene 5 años). Eso si, no creo que haya muchos niños en españa con 5 años como el mio, que sabe que es marte, que es venus y cual es el cinturón de Orión.
Mientras, los prismaticos estupendos con lentes de alta calidad y zoom se pasan los dias dentro de su caja con las tapas puestas y acumulando polvo, supongo que ese es su derecho, mirar con ellos cuando le venga en gana.


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